JESUS QUE TE MIRE MUCHAS VECES PARA DARME CUENTA DE LO QUE ME AMAS

JESUS QUE TE MIRE MUCHAS VECES PARA DARME CUENTA DE LO QUE ME AMAS
PULSAR Y RECITAR LAS ORACIONES Y LAS PROMESAS DE JESÚS

miércoles, 11 de abril de 2007

SAN JOSE PATRONO DE LA BUENA MUERTE.



San José es el patrono Universal de la Iglesia, patrono de la buena muerte y patrono de los seminarios. Fue escogido por Dios como fidelísimo guardián de los tesoros celestiales, que eran Jesús y María. Con fe acogió al Niño que había comenzado a vivir en el seno de María, y a ellos, a Jesús y María, les entregó su vida sin escatimar sacrificios. San José no llegó a ver a Jesús en su vida pública (predicación, milagros, etc.). No ha habido en el mundo santo más feliz ni padre más afortunado. ¡Qué felicidad la suya al ver a su lado al Hijo de Dios!



ORACIÓN PARA PEDIRLE UNA BUENA MUERTE

Poderoso patrón del linaje humano, amparo de pecadores, seguro refugio de las almas, eficaz auxilio de los afligidos, agradable consuelo de los desamparados, glorioso San José, el último instante de mi vida ha de llegar sin remedio; mi alma quizás agonizará terriblemente acongojada con la representación de mi mala vida y de mis muchas culpas; el paso a la eternidad será sumamente duro; el demonio, mi enemigo, intentará combatirme terriblemente con todo el poder del infierno, a fin de que pierda a Dios eternamente; mis fuerzas en lo natural han de ser nulas: yo no tendré en lo humano quien me ayude; desde ahora, para entonces, te invoco, padre mío; a tu patrocinio me acojo; asísteme en aquel trance para que no falte en la fe, la esperanza y en la caridad; cuando tú moriste, tu Hijo y mi Dios, tu esposa y mi Señora, ahuyentaron a los demonios para que no se atreviesen a combatir tu espíritu. Por estos favores y por los que en vida te hicieron, te pido ahuyentes a estos enemigos, para que yo acabe la vida en paz, amando a Jesús, a María y a ti, San José. Así sea.
Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asistidme en la útima agonía.
Jesús, José y María, recibid cuando muera, el alma mía.

domingo, 4 de marzo de 2007

LOS DOCE PASOS DE LA ORACIÓN.



1- ALABANZA
Grande es Yahvé, muy digno de alabanza, su grandeza carece de límites.
Salmo 145, 3

2- CANTO AL SEÑOR
Vengan, cantemos gozosos a Yahvé, aclamemos a la Roca que nos salva;
Salmo 95, 1

3- BATALLA ESPIRITUAL
Revístanse de las armas de Dios para poder resistir a las acechanzas del diablo.
Efesios 6, 11

4- ENTREGA
Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo.
Apocalipsis 3, 20

5- INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
...ustedes recibirán una fuerza, cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes, y de este modo serán mis testigos...
Hechos 1, 8

6- ARREPENTIMIENTO
Dios quiere el sacrificio de un espíritu contrito, un corazón contrito y humillado. Oh Dios, no lo desprecias.
Salmo 51, 19

7- PERDÓN
“Y cuando se pongan de pie para orar, perdonen, si tienen algo contra alguno, para que también su Padre, que está en los cielos, les perdone sus ofensas.”
Marcos 11, 25

8- REFLEXIÓN DE LAS ESCRITURAS
Tu palabra es antorcha para mis pasos, luz para mi sendero.
SALMO 119, 105

9- ESPERA QUE EL SEÑOR TE HABLE
<<¡Habla, que tu siervo escucha!>>
1 Samuel 3, 10

10- INTERCESIONES
Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres...
1 Timoteo 2, 1

11- PETICIONES
Y si sabemos que nos escucha cuando le pedimos, sabemos que tenemos conseguido lo que hayamos pedido.
1 Juan 5, 15

12- ACCIÓN DE GRACIAS
Y sean agradecidos.
Colosenses 3, 15

LOS ÚLTIMOS TIEMPOS.



¿Por que Cristo le dio énfasis en estos tiempos a una doctrina, La Divina Misericordia, que ha sido parte del patrimonio de la Fe desde el principio, así como pedir una nueva expresión devocional y litúrgica de ella? En las revelaciones de Sor Faustina Jesús responde esta pregunta, conectándola a otra doctrina, a la que también se le da poca importancia, esta es la de la Segunda Venida. En los Evangelios el Señor nos muestra como su primera venida fue en humildad, como un Servidor, para liberar al mundo del pecado. Sin embargo, Él promete regresar en gloria a juzgar al mundo en el amor, como claramente lo dice en su discurso del Reino en los capítulos 13 y 25 de Mateo. Entre estas dos venidas tenemos el final de los tiempos o la era de la Iglesia, en la que la Iglesia ministra le reconciliación hasta el gran y terrible Día del Señor, el día de la Justicia Divina. Todo católico debe estar familiarizado con las enseñanzas de la Iglesia con respecto a este tema, contenido en los párrafos 668 y 679 del Catecismo de la Iglesia Católica. Solo en el contexto de una revelación pública como es enseñado por el Magisterio podemos situar las palabras de la revelación privada dada a Sor Faustina.
"Prepararás al mundo para Mí última venida." (Diario 429)

"Habla al mundo de mi Misericordia….Es señal de los últimos tiempos después de ella vendrá el día de la justicia. Todavía queda tiempo que recurran, pues, a la Fuente de Mi Misericordia." (Diario 848)

"Habla a las almas de esta gran misericordia Mía, porque está cercano el día terrible, el día de Mi justicia." (Diario 965)

"Estoy prolongándoles el tiempo de la misericordia, pero ay de ellos si no reconocen este tiempo de Mi visita." (Diario 1160)

Antes del Día de la justicia envío el día de la misericordia". (Diario 1588)

"Quien no quiera pasar por la puerta de Mi misericordia, tiene que pasar por la puerta de Mi justicia". (Diario 1146)

Además de estas palabras de Nuestro Señor la hermana Faustina nos da las palabras de la Madre de Misericordia, la Santísima Virgen María.

"Tu debes hablar al mundo de su gran misericordia y preparar al mundo para su segunda venida. Él vendrá, no como una Salvador Misericordioso, sino como un Juez Justo. Oh que terrible es ese día. Establecido está ya es el día de la justicia, el día de la ira divina. Los ángeles tiemblan ante este día. Habla a las almas de esa gran misericordia, mientras sea aún el tiempo para conceder la misericordia." (Diario 635)

Está claro, que, como en el mensaje de Fátima, la urgencia aquí es la urgencia del Evangelio, "arrepiéntanse y crean". El tiempo exacto es del Señor. Sin embargo, es también claro que hemos alcanzado una etapa crítica de los últimos tiempos que comenzaron con el nacimiento de la Iglesia. Por esto el Papa Juan Pablo II se refirió a "una función especial" asignada a él por Dios "en la presente situación del hombre, la Iglesia y del mundo" en la consagración de 1981 del Santuario del Amor Misericordioso en Collevalenza, Italia. En su encíclica sobre el Padre, él nos urge a "implorar la Misericordia de Dios para la humanidad en estos tiempos de la historia…para suplicar por ella en estos tiempos difíciles y críticos de la historia de la Iglesia y del mundo mientras nos acercamos al final del segundo milenio." (Eníclica Rico en Misericordia 15)

lunes, 22 de enero de 2007

LAS SIETE PALABRAS DE JESUS.



PRIMERA PALABRA



Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen
(Lc. 23,34)

SEGUNDA PALABRA



En verdad, en verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso
(Lc. 23,43)
TERCERA PALABRA





Mujer, he ahí a tu hijo; hijo he ahí a tu madre
(Jn. 19, 26-27)CUARTA PALABRA



¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?
(Mc. 15, 34; Mt. 27, 46)
QUINTA PALABRA






Tengo sed
(Jn. 19,28)
SEXTA PALABRA






Todo está cumplido
(Jn. 19, 39)


SÉPTIMA PALABRA






Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu
(Lc. 23, 46)




Jesús amado, que por amor mío agonizasteis en la cruz, y que en cumplimiento de tan grande sacrificio aceptasteis la voluntad del Eterno Padre al encomendar en sus manos vuestro espíritu para enseguida inclinar la cabeza y morir: tened piedad de todos los fieles agonizantes y de mí en aquella hora postrera; y por los méritos de vuestra preciosísima Sangre, otorgadnos en nuestra agonía una perfecta conformidad a vuestra divina voluntad, a fin de que estemos dispuestos a vivir o a morir según sea a Vos más agradable; y que no suspiremos para nada más que por el perfecto cumplimiento en nosotros de vuestra adorable voluntad.

LA VIDA DESPUES DE LA MUERTE.

Enjugará todas la lágrimas de sus ojos:
¿la muerte?, ya no habrá más muerte,
porque el mundo viejo ya se fue.

Apocalipsis de San Juan, c. 21, v. 4

Jesús dijo: Y en cuanto a la resurrección de los muertos, ¿no se han fijado en esto que Dios les ha dicho:
« Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob? » Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.

(Evangelio de San Mateo, Cap.22, v.31 y 32)


« Supo agradar a Dios, que lo amó y, porque vivía entre los pecadores, Dios se lo llevó... Alcanzó la perfección realizando una larga carrera en poco tiempo. Su alma era del agrado del Señor, por eso lo sacó pronto de su ambiente corrupto. Los justos viven para siempre y su premio está en las manos del Señor ».

(Libro de la Sabiduría - C.4, v.10, 13 y 14 C.5, v.15)


« Para los hombres es imposible, pero para Dios todo es posible ».
(Evangelio según San Mateo, C. 19, V. 26)

« Dios quiere que todos los hombres se salven ».
(San Pablo, 1a. Carta a Timoteo, C. 2, V. 4)

« Tanto amó Dios al mundo que entregó su Hijo Unico para que todo el que crea en El no se pierda, sino que tenga vida eterna ».
« Dios no mandó a su Hijo a este mundo para condenar al mundo, sino que por El pueda salvarse el mundo ».
(Evangelio según San Juan, C. 3, V. 16 y 17)
« Tú nos has hecho para ti, Señor,
y nuestro corazón no tendrá sosiego
hasta que no more en Ti »

San Agustín.
Señor.
Hé aquí la ofrenda que te presentamos nosotros, tus servidores y tu familia entera: en tu bondad acéptala. Danos la paz en nuestras vidas, aléjanos de la condenación eterna y recíbenos entre tus elegidos.
Oración a la Virgen María

Dios te salve, María, llena eres de gracias, el Señor está contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.
Dios « no quiere que nadie perezca, sino que todos lleguen a la conversión »

(Segunda carta de Juan, c. 3, v. 9)
« Esta es la morada de Dios entre los hombres.
El mismo será Dios-con-ellos.
Enjugará toda lágrima de sus ojos
y ya no existirá ni muerte, ni duelo, ni gemidos, ni penas,
porque todo lo anterior ha pasado ».

(Texto cristiano, en el Apocalipsis de San Juan, c. 21, v. 3 y 4)

¿Y LAS INDULGENCIAS?

Si las indulgencias están unidas en la historia de manera particular a los años jubilares, no les están reservadas. La indulgencia procede del amor de Dios que ama a los hombres y que quiere que todos los hombres tengan acceso a la felicidad eterna. Allí donde el pecado (la falta de amor) abunda, la misericordia de Dios, es decir, su amor y su perdón, sobreabunda. Pero, ¿qué son las indulgencias?

La indulgencia es la remisión delante de Dios, dice el Catecismo de la Iglesia católica, de la pena temporal (las deudas de las que tenemos que librarnos) debida a los pecados de los cuales la falta ya está borrada, es decir, perdonada. Si yo robo a un comerciante, y él me perdona, la falta está borrada. Pero tengo una deuda con él: tengo que devolverle, en un espíritu de justicia y de amor, el objeto robado, y si es posible reparar las consecuencias negativas de mis actos (los cristales rotos, por ejemplo) para ser liberado. Es similar con las indulgencias, con la diferencia de que Cristo, por el don de su vida sobre la cruz y su resurreción, lo ha hecho ya por nosotros con todos los santos que, por amor, se han asociado a El.

"A los que se les perdona poco muestran poco amor, a los que se les perdona mucho, muestran mucho amor", dice Jesús a uno de sus amigos. Para hacernos crecer en el amor, la Iglesia, fundada por Cristo para continuar su misión, indica las condiciones particulares y determinadas para obtener esta indulgencia de Dios. Por la indulgencias, sigue el Catecismo de la Iglesia católica, "los fieles pueden obtener para ellos mismos, pero también para las almas del purgatorio, la remisión de las penas temporales, consecuencia de los pecados." El amor de Dios no tiene límite...

¿Cómo obtener las indulgencias?

Siempre necesitamos la ayuda del Salvador y de su Iglesia, nuestra familia espiritual para liberarnos de las secuelas, de las huellas, de las cicatrices del mal que hemos cometido. Además de las condiciones habituales, es decir, recibir el sacramento de la reconciliación, participar en la Eucaristía, etc., (las mismas que durante el año jubilar), es necesario hacer un acto concreto. Damos aquí unos cuantos, sacados del Manual de indulgencias, promulgado por Pablo VI (reeditado con algunas adaptaciones el 17 de diciembre de 1999):

Requisitos para ganar indulgencias plenarias


Excluir todo afecto al pecado, incluso venial. No basta el estado de gracia y tener el corazón contrito. Se requiere también la detestación interior de todo pecado y el firme propósito de esforzarse por no cometerlos de nuevo.

Cumplir las tres condiciones: Confesión, Comunión y Oración por las Intenciones del Papa.

La Confesión ha de ser Sacramental y personal. Con una sola confesión se pueden ganar varias indulgencias plenarias en días sucesivos; la confesión puede hacerse unos días antes o después de realizar la obra prescrita.

La Comunión ha de ser también Sacramental. Con cada Comunión Eucarística se puede ganar únicamente una indulgencia plenaria.

La oración por las intenciones del Papa ha de hacerse por cada indulgencia que se pretenda recibir; este requisito se cumple plenamente recitando un Padrenuestro y una Avemaría, o cualquier otra oración, ofrecidos por las intenciones del Papa.

La indulgencia plenaria se puede ganar todos los días, pero solamente una vez al día, con excepción del caso "in articulo mortis", es decir cuando un fiel está en peligro de muerte, aunque ese día haya ganado ya otra.

Todos los fieles que estén en peligro de muerte podrán ganar indulgencia plenaria si cumplen con los siguientes requisitos:



Tener intención de ganar la indulgencia.

Excluir todo afecto al pecado, incluso venial.

Que durante su vida hayan rezado habitualmente alguna oración.




Una lectura de la Santa Escritura de al menos media hora.


Un tiempo de adoración del Santísimo de la misma duración.


La renovación de las promesas del bautismo durante la Vigilia Pascual.


La veneración de la Cruz a lo largo de la liturgia del Viernes Santo.


Un retiro de tres días.


La bendición solemne del Papa, incluso radiotelevisado (en Navidad, por ejemplo).


La recitación comunitaria del rosario.


La oración en una Basílica, el día de la fiesta propia.


Cuando se realiza una peregrinación en grupo hacia un santuario.


Haciendo, una vez al año, una pergrinación individual a un santuario.

El tesoro de las indulgencias queda abierto de un modo muy amplio. Recordemos la llamada de atención de Juan Pablo II: "Los que piensen poder recibir este don por el simple cumplimiento de actitudes exteriores se equivocan. Por el contrario, éstas se piden como expresión y apoyo del camino de conversión. Manifiestan en particular la fe en la abundancia de la misericordia de Dios y en la maravillosa realidad de la comunión que Cristo ha realizado, uniéndo de manera indisoluble la Iglesia a sí mismo, como su Cuerpo y su Esposa." (Audiencia del miércoles 29 de sepriembre de 1999)

¿PODEMOS DAR UN SENTIDO AL SUFRIMIENTO Y A LA MUERTE?

La prueba de que Dios no ha querido nuestra muerte es que, después de la ruptura de la relación "Es fuerte el amor como la muerte, flechas de fuego son sus flechas, las aguas inmensas no podrán apagarlo"


¿El sufrimiento, y aún más la muerte no son absurdas? Dios mismo dice que no ha querido la muerte: "No fue Dios quien hizo la muerte, ni se goza con el exterminio de los creyentes, todo lo creó para que perdurase" (libro de la Sabiduría, cap. 1, v. 13).

Así pues, ¿la muerte tiene un sentido? ¿ Y qué sentido puede tener entonces?

No son sólo los cristianos los que le dan un sentido e incluso un valor. ¿ Cómo explicar que alguien, por ejemplo, arriesgue su vida para salvar a alguien? Pensemos en los bomberos de Nueva York que murieron ayudando a las personas del atentado de las "Twin Towers"; pensemos también en esos resistentes o militantes, del partido que sean, que dan su vida por un ideal, para que los demás tengan una vida mejor. Conocemos también la historia del Padre Kolbe, un franciscano polaco, que se ofreció a morir en el "bunker de la muerte" en un campo de concentración en lugar de un padre de familia (ver testimonio). Incluso sin llegar a la muerte, ¿cuántos padres y madres en el mundo, y mucho más en los países pobres, desgastan su vida y sufren para asegurar la subsistencia y el futuro de sus hijos?

Es, pues, el amor en el sentido más amplio, el que da sentido al sufrimiento y a la muerte, o más bien, a la ofrenda de la vida. Así, cuando se sufre, se puede hacer también un acto de ofrenda, un acto de amor en unión con Cristo que ha sufrido su Pasión y ha dado su vida "en rescate por la multitud":

"Mi vida no me la quitan,dice El, soy Yo quien la doy."

Jésus a conocido también, sin embargo, como muchos hombres, la angustia de la muerte en en Huerto de los Olivos de Getsemaní. Pero su resurrección da el sentido verdadero a la vida y a la muerte. La muerte no puede vencer al amor porque Dios es Amor.

El Cantar de los Cantares, uno de los más hermosos textos de la Biblia, se termina con estas palabras: "Es fuerte el amor como la muerte, flechas de fuego son sus flechas, las aguas inmensas no podrán apagar el amor"

¿Las palabras, las buenas intenciones pueden suprimir el sufrimiento y el horror de la muerte? No, por supuesto. Sin embargo, incluso sin ser un héroe, incluso sufriendo sin poder rezar ni hablar, la intención basta. Una mujer en fase terminal de su enfermedad, que tenía grandes dolores, en una época en la que se conocían mal los cuidados paliativos, ofrecía este sufrimiento para que sus hijos hicieron algo hermoso de su vida. Un hombre, que empezaba a tener la enfermedad de Altzeimer, en un momento en que comprendió que las cosas se le escapaban de las manos, decía: "Dios mío, lo acepto." Seguían viviendo su prueba, pero le habían dado un sentido, un valor.

En esos momentos, todo es difícil, parece que no se espera nada y, sin embargo el corazón vela y los que queremos, los que nos visitan pueden, con su presencia humilde y amante, con su esperanza y su oración, ayudarnos a dar a esta vida que se nos escapa un valor y el sentido del amor. Es lo que ha vivido un gran periodista, especialista del "futuro", que tenía mucho miedo de la muerte. Hacía que le leyeran pasajes de la Biblia, pedía que le explicaran tal o tal tema sobre Dios que le costaba aceptar. Y pedía a su mujer que cogiera su guitarra para alabar a Dios con un cántico, por él.