JESUS QUE TE MIRE MUCHAS VECES PARA DARME CUENTA DE LO QUE ME AMAS

JESUS QUE TE MIRE MUCHAS VECES PARA DARME CUENTA DE LO QUE ME AMAS
PULSAR Y RECITAR LAS ORACIONES Y LAS PROMESAS DE JESÚS

lunes, 22 de enero de 2007

LAS SIETE PALABRAS DE JESUS.



PRIMERA PALABRA



Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen
(Lc. 23,34)

SEGUNDA PALABRA



En verdad, en verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso
(Lc. 23,43)
TERCERA PALABRA





Mujer, he ahí a tu hijo; hijo he ahí a tu madre
(Jn. 19, 26-27)CUARTA PALABRA



¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?
(Mc. 15, 34; Mt. 27, 46)
QUINTA PALABRA






Tengo sed
(Jn. 19,28)
SEXTA PALABRA






Todo está cumplido
(Jn. 19, 39)


SÉPTIMA PALABRA






Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu
(Lc. 23, 46)




Jesús amado, que por amor mío agonizasteis en la cruz, y que en cumplimiento de tan grande sacrificio aceptasteis la voluntad del Eterno Padre al encomendar en sus manos vuestro espíritu para enseguida inclinar la cabeza y morir: tened piedad de todos los fieles agonizantes y de mí en aquella hora postrera; y por los méritos de vuestra preciosísima Sangre, otorgadnos en nuestra agonía una perfecta conformidad a vuestra divina voluntad, a fin de que estemos dispuestos a vivir o a morir según sea a Vos más agradable; y que no suspiremos para nada más que por el perfecto cumplimiento en nosotros de vuestra adorable voluntad.

LA VIDA DESPUES DE LA MUERTE.

Enjugará todas la lágrimas de sus ojos:
¿la muerte?, ya no habrá más muerte,
porque el mundo viejo ya se fue.

Apocalipsis de San Juan, c. 21, v. 4

Jesús dijo: Y en cuanto a la resurrección de los muertos, ¿no se han fijado en esto que Dios les ha dicho:
« Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob? » Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.

(Evangelio de San Mateo, Cap.22, v.31 y 32)


« Supo agradar a Dios, que lo amó y, porque vivía entre los pecadores, Dios se lo llevó... Alcanzó la perfección realizando una larga carrera en poco tiempo. Su alma era del agrado del Señor, por eso lo sacó pronto de su ambiente corrupto. Los justos viven para siempre y su premio está en las manos del Señor ».

(Libro de la Sabiduría - C.4, v.10, 13 y 14 C.5, v.15)


« Para los hombres es imposible, pero para Dios todo es posible ».
(Evangelio según San Mateo, C. 19, V. 26)

« Dios quiere que todos los hombres se salven ».
(San Pablo, 1a. Carta a Timoteo, C. 2, V. 4)

« Tanto amó Dios al mundo que entregó su Hijo Unico para que todo el que crea en El no se pierda, sino que tenga vida eterna ».
« Dios no mandó a su Hijo a este mundo para condenar al mundo, sino que por El pueda salvarse el mundo ».
(Evangelio según San Juan, C. 3, V. 16 y 17)
« Tú nos has hecho para ti, Señor,
y nuestro corazón no tendrá sosiego
hasta que no more en Ti »

San Agustín.
Señor.
Hé aquí la ofrenda que te presentamos nosotros, tus servidores y tu familia entera: en tu bondad acéptala. Danos la paz en nuestras vidas, aléjanos de la condenación eterna y recíbenos entre tus elegidos.
Oración a la Virgen María

Dios te salve, María, llena eres de gracias, el Señor está contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.
Dios « no quiere que nadie perezca, sino que todos lleguen a la conversión »

(Segunda carta de Juan, c. 3, v. 9)
« Esta es la morada de Dios entre los hombres.
El mismo será Dios-con-ellos.
Enjugará toda lágrima de sus ojos
y ya no existirá ni muerte, ni duelo, ni gemidos, ni penas,
porque todo lo anterior ha pasado ».

(Texto cristiano, en el Apocalipsis de San Juan, c. 21, v. 3 y 4)

¿Y LAS INDULGENCIAS?

Si las indulgencias están unidas en la historia de manera particular a los años jubilares, no les están reservadas. La indulgencia procede del amor de Dios que ama a los hombres y que quiere que todos los hombres tengan acceso a la felicidad eterna. Allí donde el pecado (la falta de amor) abunda, la misericordia de Dios, es decir, su amor y su perdón, sobreabunda. Pero, ¿qué son las indulgencias?

La indulgencia es la remisión delante de Dios, dice el Catecismo de la Iglesia católica, de la pena temporal (las deudas de las que tenemos que librarnos) debida a los pecados de los cuales la falta ya está borrada, es decir, perdonada. Si yo robo a un comerciante, y él me perdona, la falta está borrada. Pero tengo una deuda con él: tengo que devolverle, en un espíritu de justicia y de amor, el objeto robado, y si es posible reparar las consecuencias negativas de mis actos (los cristales rotos, por ejemplo) para ser liberado. Es similar con las indulgencias, con la diferencia de que Cristo, por el don de su vida sobre la cruz y su resurreción, lo ha hecho ya por nosotros con todos los santos que, por amor, se han asociado a El.

"A los que se les perdona poco muestran poco amor, a los que se les perdona mucho, muestran mucho amor", dice Jesús a uno de sus amigos. Para hacernos crecer en el amor, la Iglesia, fundada por Cristo para continuar su misión, indica las condiciones particulares y determinadas para obtener esta indulgencia de Dios. Por la indulgencias, sigue el Catecismo de la Iglesia católica, "los fieles pueden obtener para ellos mismos, pero también para las almas del purgatorio, la remisión de las penas temporales, consecuencia de los pecados." El amor de Dios no tiene límite...

¿Cómo obtener las indulgencias?

Siempre necesitamos la ayuda del Salvador y de su Iglesia, nuestra familia espiritual para liberarnos de las secuelas, de las huellas, de las cicatrices del mal que hemos cometido. Además de las condiciones habituales, es decir, recibir el sacramento de la reconciliación, participar en la Eucaristía, etc., (las mismas que durante el año jubilar), es necesario hacer un acto concreto. Damos aquí unos cuantos, sacados del Manual de indulgencias, promulgado por Pablo VI (reeditado con algunas adaptaciones el 17 de diciembre de 1999):

Requisitos para ganar indulgencias plenarias


Excluir todo afecto al pecado, incluso venial. No basta el estado de gracia y tener el corazón contrito. Se requiere también la detestación interior de todo pecado y el firme propósito de esforzarse por no cometerlos de nuevo.

Cumplir las tres condiciones: Confesión, Comunión y Oración por las Intenciones del Papa.

La Confesión ha de ser Sacramental y personal. Con una sola confesión se pueden ganar varias indulgencias plenarias en días sucesivos; la confesión puede hacerse unos días antes o después de realizar la obra prescrita.

La Comunión ha de ser también Sacramental. Con cada Comunión Eucarística se puede ganar únicamente una indulgencia plenaria.

La oración por las intenciones del Papa ha de hacerse por cada indulgencia que se pretenda recibir; este requisito se cumple plenamente recitando un Padrenuestro y una Avemaría, o cualquier otra oración, ofrecidos por las intenciones del Papa.

La indulgencia plenaria se puede ganar todos los días, pero solamente una vez al día, con excepción del caso "in articulo mortis", es decir cuando un fiel está en peligro de muerte, aunque ese día haya ganado ya otra.

Todos los fieles que estén en peligro de muerte podrán ganar indulgencia plenaria si cumplen con los siguientes requisitos:



Tener intención de ganar la indulgencia.

Excluir todo afecto al pecado, incluso venial.

Que durante su vida hayan rezado habitualmente alguna oración.




Una lectura de la Santa Escritura de al menos media hora.


Un tiempo de adoración del Santísimo de la misma duración.


La renovación de las promesas del bautismo durante la Vigilia Pascual.


La veneración de la Cruz a lo largo de la liturgia del Viernes Santo.


Un retiro de tres días.


La bendición solemne del Papa, incluso radiotelevisado (en Navidad, por ejemplo).


La recitación comunitaria del rosario.


La oración en una Basílica, el día de la fiesta propia.


Cuando se realiza una peregrinación en grupo hacia un santuario.


Haciendo, una vez al año, una pergrinación individual a un santuario.

El tesoro de las indulgencias queda abierto de un modo muy amplio. Recordemos la llamada de atención de Juan Pablo II: "Los que piensen poder recibir este don por el simple cumplimiento de actitudes exteriores se equivocan. Por el contrario, éstas se piden como expresión y apoyo del camino de conversión. Manifiestan en particular la fe en la abundancia de la misericordia de Dios y en la maravillosa realidad de la comunión que Cristo ha realizado, uniéndo de manera indisoluble la Iglesia a sí mismo, como su Cuerpo y su Esposa." (Audiencia del miércoles 29 de sepriembre de 1999)

¿PODEMOS DAR UN SENTIDO AL SUFRIMIENTO Y A LA MUERTE?

La prueba de que Dios no ha querido nuestra muerte es que, después de la ruptura de la relación "Es fuerte el amor como la muerte, flechas de fuego son sus flechas, las aguas inmensas no podrán apagarlo"


¿El sufrimiento, y aún más la muerte no son absurdas? Dios mismo dice que no ha querido la muerte: "No fue Dios quien hizo la muerte, ni se goza con el exterminio de los creyentes, todo lo creó para que perdurase" (libro de la Sabiduría, cap. 1, v. 13).

Así pues, ¿la muerte tiene un sentido? ¿ Y qué sentido puede tener entonces?

No son sólo los cristianos los que le dan un sentido e incluso un valor. ¿ Cómo explicar que alguien, por ejemplo, arriesgue su vida para salvar a alguien? Pensemos en los bomberos de Nueva York que murieron ayudando a las personas del atentado de las "Twin Towers"; pensemos también en esos resistentes o militantes, del partido que sean, que dan su vida por un ideal, para que los demás tengan una vida mejor. Conocemos también la historia del Padre Kolbe, un franciscano polaco, que se ofreció a morir en el "bunker de la muerte" en un campo de concentración en lugar de un padre de familia (ver testimonio). Incluso sin llegar a la muerte, ¿cuántos padres y madres en el mundo, y mucho más en los países pobres, desgastan su vida y sufren para asegurar la subsistencia y el futuro de sus hijos?

Es, pues, el amor en el sentido más amplio, el que da sentido al sufrimiento y a la muerte, o más bien, a la ofrenda de la vida. Así, cuando se sufre, se puede hacer también un acto de ofrenda, un acto de amor en unión con Cristo que ha sufrido su Pasión y ha dado su vida "en rescate por la multitud":

"Mi vida no me la quitan,dice El, soy Yo quien la doy."

Jésus a conocido también, sin embargo, como muchos hombres, la angustia de la muerte en en Huerto de los Olivos de Getsemaní. Pero su resurrección da el sentido verdadero a la vida y a la muerte. La muerte no puede vencer al amor porque Dios es Amor.

El Cantar de los Cantares, uno de los más hermosos textos de la Biblia, se termina con estas palabras: "Es fuerte el amor como la muerte, flechas de fuego son sus flechas, las aguas inmensas no podrán apagar el amor"

¿Las palabras, las buenas intenciones pueden suprimir el sufrimiento y el horror de la muerte? No, por supuesto. Sin embargo, incluso sin ser un héroe, incluso sufriendo sin poder rezar ni hablar, la intención basta. Una mujer en fase terminal de su enfermedad, que tenía grandes dolores, en una época en la que se conocían mal los cuidados paliativos, ofrecía este sufrimiento para que sus hijos hicieron algo hermoso de su vida. Un hombre, que empezaba a tener la enfermedad de Altzeimer, en un momento en que comprendió que las cosas se le escapaban de las manos, decía: "Dios mío, lo acepto." Seguían viviendo su prueba, pero le habían dado un sentido, un valor.

En esos momentos, todo es difícil, parece que no se espera nada y, sin embargo el corazón vela y los que queremos, los que nos visitan pueden, con su presencia humilde y amante, con su esperanza y su oración, ayudarnos a dar a esta vida que se nos escapa un valor y el sentido del amor. Es lo que ha vivido un gran periodista, especialista del "futuro", que tenía mucho miedo de la muerte. Hacía que le leyeran pasajes de la Biblia, pedía que le explicaran tal o tal tema sobre Dios que le costaba aceptar. Y pedía a su mujer que cogiera su guitarra para alabar a Dios con un cántico, por él.

¿ES NORMAL TENER MIEDO DE LA MUERTE?

Cuando una persona muere, no hace más que volver a la casa de Dios, allí donde todos debemos ir. Qué bonita es la muerte cuando sabemos que es volver a casa"


En la película Apolo 13 que cuenta una de las misiones Apolo de la Nasa, la angustia llega al límite. Perdidos entre los astros, lejos de la tierra, como único contacto las ondas de radio, tres astronautas, tras un accidente técnico, van a luchar contra la muerte que parece inevitable. Después de varios días de angustia, qué alegría, qué descanso el ver a estos hombres salir indemnes de la prueba.


¡No hay nada más normal que tener miedo de la muerte! La expresión de esos miedos puede seguir diferentes caminos: miedo de lo desconocido, miedo de alejarse de los que amamos, miedo de sufrir... Si tenemos miedo de la muerte, es porque todo en nosotros aspira a la vida. Además, es llamativo ver con qué energía el hombre se defiende contra la muerte, hasta los últimos momentos.


Hay otro miedo de la muerte, más pernicioso, enemigo de la esperanza. Hoy, por ejemplo, es cada vez más difícil hablar de la muerte pues la sociedad del bienestar tiene tendencia a ocultar esta realidad de la que el solo el pensamiento agobia. Cuanto más una sociedad construye un mundo sin Dios, más fuerte es la angustia frente a la muerte, que se intenta aseptizar sin resultado. En el plano personal, esto puede traducirse bien por una huída hacia paraísos artificiales (dinero, droga, vida mundana, etc.), bien por la desesperación hasta el punto de que se llega a veces a creer que controlar la muerte, escoger uno mismo el momento de la muerte es un acto de libertad humana. ¿Hace falta repetir aquí que el suicidio es la primera causa de muerte en los jóvenes de 25 a 34 años en Francia?


" ¿Quién puede, nos dice Jesús, añadir un codo a la duración de su vida?"

El miedo de la muerte, siendo normal, no debe conducirnos al miedo de la vida que manifiesta también de manera paradójica la importancia del sentido de nuestra vida. Jesús nos ha dado una seguridad: la de acceder a la eternidad. Algunos días antes de su muerte, la pequeña santa de Lisieux, Teresita del Niño Jesús, decía a sus hermanas: " ¿Cómo queréis ser capaces de dejarlo todo un día para entrar en la luz de Dios, si no hemos sido capaces de dejar, cada día, algo pequeñito sin importancia – cerrar un libro o dejar de hacer punto- para entrar en la presecia de Dios?"




Lo que nos dice la Biblia


"Hermanos, no queremos que estéis en la ignorancia respecto a los muertos, para que no os entristezcáis como los demás, que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, de la misma manera Dios llevará consigo a quienes murieron en Jesús."


Carta a los Tesalonicenses, cap.4, v. 13-14

¿COMO PREPARARSE PARA VIVIR BIEN LA MUERTE?

Los no cristianos también se preparan a la muerte, no sólo los que creen. Con la cercanía de la muerte hay como una preocupación natural de hacer la luz en nuestra vida. Esto se expresa primero con el deseo de dejar a los que nos rodean sin grandes dificultades financieras si es posible, de arreglar la "sucesión"; de acabar una obra intelectual, económica o artística; de dejar en buenas manos una empresa o una asociación pero también de zanjar los problemas que podemos tener con personas de nuestra familia o incluso con otras personas. Esto conduce a veces a peticiones de perdón, a una reconciliación del padre o de la madre con uno u otro de sus hijos.

Por eso, dicen los médicos y todos los que participan en los cuidados paliativos o en el acompañamiento de los moribundos, que los últimos días, los últimos instantes no se le pueden "robar" a la persona al final de su vida. Por eso también los cristianos están convencidos de que la ayuda que hay que dar a esas personas en esos momentos es muy importante. Es la hora del último encuentro con el Dios de amor. Incluso una persona que ha declarado al entrar al hospital o en una residencia que no tiene religión, redescubre a menudo el deseo de prepararse a encontrarse con Dios. Ese deseo debe ser acogido y el moribundo espera de nosotros que le ayudemos en ese proceso en el que no sabe o no se acuerda del camino.

¿Llamar a un sacerdote? Sí, siempre que sea posible. El consentimiento de la persona es necesario, por supuesto, pero nos quedaríamos sorprendidos al saber el número de personas que aceptan si se les propone con delicadeza. Yo le agradeceré siempre a mi tía, ya mayor, hermana de mi madre, que le propuso llamar a un sacerdote, mientras que los demás estábamos agobiados con la idea de decírselo. Fue un momento fuerte para mi madre, pero ¡qué sencillo fue todo a partir de ese momento y qué bien vivió sus últimos días! Cuando hay varias personas que se ayudan mutuamente frente a la prueba de la muerte, es mucho más fácil: uno se puede apoyar en la fe de uno, en las oraciones del otro, en la audacia del amor del otro. ¿Ayudar a alguien a morir acercándole a Dios no es hacer lo que se atrevieron a hacer esas gentes de Palestina llevando un paralítico delante de Jesús haciendo un agujero en el tejado?

Contrariamente a una opinión muy extendida y a un cierto número de bloqueos a nivel práctico, los hospitales franceses están obligados legalmente a facilitar a los enfermos y a los moribundos la posibilidad de "vivir" sus convicciones religiosas. Y muchos, entre los miembros del personal sanitario, tienen un respeto tan grande de la persona que va a morir que, incluso si no son creyentes, llamarán al capellán si el enfermo o la familia lo han pedido. Me acuerdo de un señor mayor muerto en un hospital durante la noche, más deprisa de lo que se esperaba. La enfermera le dijo a la familia: "Al llegar al hospital, había dejado un papelito escrito desde hace mucho tiempo encima de la mesilla: "En caso de peligro, llamar a un sacerdote". Durante la noche, cuando vi que estaba muy mal, mis ojos vieron ese papel e hice lo necesario para llamar al capellán."

Lo que hoy se llama "la unción de enfermos" se propone mucho antes de la muerte, si la persona tiene una enfermedad grave, aunque no sea mortal, o antes de una operación importante, o simplemente a una persona mayor que lo pide, porque quizá no tenga la posibilidad más tarde por un debilitamiento de sus facultades. Por este sacramento no sólo se pide la curación, sino que es una preparación anticipada para la hora de la muerte. Puede pedirse varias veces. La ventaja de haberlo recibido ya en un periodo menos crítico es que tenemos menos miedo de pedirlo y recibirlo al final de nuestra vida.

Hay también otro sacramento: la confesión (o sacramento de la reconciliación). Cuando comenzamos a pedir perdón a Dios de nuestras faltas nos abrimos a la reconciliación con los hombres.

Cuando es imposible hacer venir a un sacerdote, cada cristiano, cada persona de buena voluntad puede ayudar al moribundo, asistido por la gracia de Dios.

Una señora, del equipo de pastoral de un hospital que visitaba a los enfermos, dudaba un día en entrar en la habitación de una mujer mayor. ¿Era prudente? Abrió por fin la puerta, después de hacer una oración y le dijo tímidamente: "Señora, vengo a hablarle de Dios, ¿le gustaría?" "Oh, sí, respondió la señora, ¡hábleme del Cielo! Sabe usted, tengo más de 90 años, me dicen que voy a ir a tal sitio a descansar, y hacer otra cosa. Pero nada de todo eso me interesa ya, yo quiero pensar en el Cielo."

En un accidente, una señora se encontraba al lado de un hombre, aplastado por una chimenea que se había caído. Mientras llamaban a la ambulancia, recitó en voz alta simplemente un ave María, que elmoribundo continuó con ella. Cuando se ama y se cree en el amor de Dios por todos los hombres siempre hay algo que hacer.


Testimonio


Un día, sin saber por qué, empecé a rezar el rosario. Mis ojos se fijaron en la crucecita de mi rosario. Tuve como un extraño presentimiento...

Al día siguiente, vi una ambulancia de urgencias, con las sirenas encendidas, que pasó delante de mí. Me puse a rezar por la víctima del accidente pidiendo a Dios que la sostuviera. Pensé en ese momento que debería hacer eso más a menudo. No sabía en ese momento que era mi padre el que iba a ser atendido por ese servicio de urgencias... Su muerte fue brutal.Sin embargo, yo vi en esa coincidencia la mano de Dios. Eso me ha ayudado mucho a sobrellevar el dolor de la muerte de papá y a creer más en el poder de la oración.

¿HAY HOMBRES EN EL INFIERNO?

La fe cristiana ha afirmado siempre la existencia de criaturas espirituales (además de los hombres) que han dicho "no a Dios y rechazado su amor. Son los "demonios" o "ángeles malos"" (Concilio de Letrán IV, DS 800-801).


"Para nosotros, los hombres, sigue el Papa, su vida resuena como una advertencia: una llamada constante para evitar la tragedia a la que nos lleva el pecado y a modelar nuestra existencia como la de Jesús que se ha desarrollado bajo el signo del "sí" de Dios."


El infierno es, pues, una posibilidad real. Pero nadie puede decir que hay hombres en el infierno ni quién se encuentra en él. Lo que es importante es tener en cuenta esta llamada de Jesús que quiere evitarnos ese drama.


"Ir al infierno" es no elegir la vida eterna, es rechazar la misericordia de Dios. Sin embargo, tenemos la certeza de la misericordia de Dios, que quiere que todos los hombres se salven. Creemos que si Dios ha salvado al "buen ladrón" y nos lo ha hecho saber, puede también llenar de arrepentimiento el corazón de los más grandes pecadores que se presenten ante El. Y si nos preocupamos por los difuntos, recemos con confianza. ¡Dios es más grande que nuestro corazón!